Ahorro en los costes de mantenimiento y expectativas comerciales son las razones para esta fórmula inédita de intercambio.
Australia correrá con los gastos de combustible, mantenimiento, traslados y dietas de la nave, mientras que España costeará los sueldos de los 180 tripulantes y prestará apoyo logístico en ejercicios de adiestramiento y evaluación de capacidades. La cesión se prolongará aproximadamente un año y servirá a la Armada española para mantener operativos sus buques.
La cesión podría tener, además, otra importante consecuencia: la Marina Real Australiana (RAN) planea sustituir dos de sus antiguos buques de apoyo logístico y con esta operación los miembros de la Marina australiana podrán comprobar de primera mano todas las características de los barcos españoles. El hipotético contrato para la construcción por parte de Navantia, el astillero público español, de los nuevos buques podría ascender a unos 600 millones.
El buque de Aprovisionamiento de Combate (BAC) cedido por la Armada española es el Cantabria, uno de los más modernos de su clase, ya que fue botado en julio de 2008. Aunque el Cantabria se integrará en la RAN, el jefe de la Armada española, Manuel Rebollo, confirmó tras la firma de un acuerdo de colaboración con su homólogo australiano, el vicealmirante Ray Griggs, que el buque navegará siempre con pabellón español y bajo el mando de un capitán de fragata español.
Navantia ya ha obtenido varios contratos con la Marina Real Australiana. En 2007 se adjudicó la construcción de dos buque anfibios similares al Juan Carlos I (LHD) y el diseño y asistencia técnica para la construcción de tres destructores basados en la fragata Cristóbal Colón (F-105). A finales de 2011 la RAN encargó al astillero público español varios bloques para los futuros destructores y 12 lanchas de desembarco LCM-1E. En total, los pedidos de Australia a Navantia suman unos 1.500 millones.